El mundo desde mi mac

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martes, 4 de marzo de 2014

La política migratoria suiza; Europa enfrentada a sus paradojas

El resultado se venía gestando fuera de sus fronteras, en pleno corazón de la UE. Suiza ha expresado en las urnas – en el ejercicio de su particular democracia directa. Un arma que muchos de sus defensores creen que conviene usar lo menos posible. Y si hay que desenvainarla, hacerlo con todo el cuidado. Para que no afecte a los derechos mas fundamentales – lo que otros países europeos llevan meses sugiriendo: que en tiempos de incertidumbre, primero los de casa.

La actitud hostil hacia los inmigrantes – incluidos los procedentes de otros países de la UE - se considero primero una excentricidad más de Reino Unido, otra bad joke de Cameron en su intento de debilitar el proyecto europeo. Poco a poco, Alemania, Holanda y Francia – la flor y nata del proyecto europeo – se sumaron a esa corriente que el politólogo Jean-Yves Camus ha denominado el ‘populismo de prosperidad’, es decir “un movimiento de egoísmo que se produce en una sociedad que goza de buena salud económica, pero que rechaza la sociedad multicultural y el compartir la torta”. Países ricos a los que la votación suiza enfrenta con sus propias contradicciones. Porque buena parte de los ciudadanos que viven y trabajan en Suiza son italianos, alemanes y franceses, lejos del estereotipo del comunitario de la Europa Oriental.

Las propuestas suizas son muy similares a las que ha planteado la ministra del Interior Theresa May – que sabe que solo puede alcanzar el liderazgo del partido, paso imprescindible en el camino hacia el 10 de Downing Street, cortejando a los antieuropeos – con el doble agravante de que en el caso británico ha sido el Ejecutivo el impulsor de la iniciativa – en el caso suizo fue promovida en solitario por la extrema derecha de la UDC (Unión Democrática de Centro/Partido Popular Suizo) - y que esta se dirigía contra inmigrantes de países de la propia Unión Europea.
Atrapado entre la espalda de los euroescépticos y la pared del UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido) de Nigel Farage, en el centro del debate político británico desde hace meses, Cameron intento que la Comisión Europea no levantara en enero de este año las ultimas restricciones que limitaban el derecho de búlgaros y rumanos a trabajar en Gran Bretaña. La propuesta que atentaba contra uno de los principios de la Unión Europea, la libertad de movimientos de sus ciudadanos, fue tajantemente rechazada por Bruselas, especialmente por Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaría de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía.
Pese a todo, Cameron ha logrado cambiar la legislación para restringir el acceso que tienen los extranjeros — comunitarios incluidos— a beneficios sociales como la atención sanitaria, la vivienda pública o las ayudas a los parados. Medidas como, por ejemplo, procurar el retorno a casa a los inmigrantes que no hayan encontrado trabajo en tres meses o que no tengan medios para subsistir durante seis meses o fórmulas como imponer restricciones al movimiento hasta que el PIB per cápita de un determinado país alcance un determinado porcentaje de la media europea fueron estudiadas por Downing Street, aunque finalmente descartadas porque hay un marco legal europeo que se ha de respetar. Y ahí es donde el UKIP – jaleado constantemente desde los tabloides mas hostiles a Bruselas – empieza su discurso contra la inmigración: todo es culpa de Europea.
Alemania ha mostrado en varias ocasiones su comprensión hacia las inquietudes británicas. A primeros de año y en una maniobra que recordaba la política del Gobierno británico, los democristianos de Baviera —el partido hermano de la CDU de la canciller Angela Merkel que gobierna en ese Estado y es socia en la gran coalición gubernamental en Berlín— redactaron un explosivo documento, en un lenguaje populista propio de los partidos de ultraderecha, en el que proponían medidas para restringir el acceso de los futuros inmigrantes al sistema social germano. Los socialdemócratas respondieron con dureza a la propuesta del partido que dirige Horst Seehofer y el Gobierno a tres bandas que aún no había cumplido un mes en el poder vivió su primera y peligrosa crisis interna.
No era la primera señal peligrosa que llegaba desde Berlín. El verano pasado y junto al Reino Unido, Holanda y Austria, Alemania  estampaba su firma para pedir a Bruselas que frenara lo que consideraban abusos de la libre movilidad. Hartos de agravios, algunos de los países que se sintieron indirectamente aludidos por las sospechas de abusos en el Estado de bienestar de la Europa más desarrollada decidieron responder. Poco antes de final de año, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia enviaron una carta a sus socios comunitarios en la que recordaban que la riqueza generada por sus ciudadanos en territorio británico superaba con creces el gasto en prestaciones. Rumanía y Bulgaria apoyaron el escrito.
La Comisión Europea respondió con un estudio que desmontaba casi todos los mitos asociados a este derecho. Lejos de ser una marea, los inmigrantes comunitarios que no desarrollan ninguna actividad en sus países de acogida son entre el 0,7 y el 1% de la población de la UE, representan menos del 1% de aquellos que reciben ayudas públicas y el gasto sanitario destinado a comunitarios no activos es el 0,2% del presupuesto dedicado a la sanidad en el continente, el 0,01% del PIB comunitario.
La imagen de un parado de Europa del Este afincado en Londres, Ámsterdam o Berlín que frecuenta los servicios sociales sin aportar nada a cambio hace tiempo que está instalada en la mente de muchos europeos como ejemplo indeseado de la integración comunitaria. Y aunque los datos no respaldan ese cliché, a menos de tres meses de las elecciones al Parlamento Europeo, parece que los europeístas van a tenerlo muy difícil para hacerles cambiar de idea.

martes, 18 de febrero de 2014

Violencia en México. Más allá de Michoacán

Hace tiempo que viene acaparando titulares en la prensa mexicana e internacional, pero Michoacán no es un caso aislado. La fuerza del crimen (en todas sus variantes), la debilidad de las instituciones y una conflictividad social de muy diferentes causas mantienen algunas zonas de México en estado de ebullición. 

En el vecino Estado de Guerrero, uno de los más pobres del país, la violencia se ha vuelto costumbre y el gobierno encabezado por Ángel Aguirre Rivero (que entre1996-1999 gobernó con el PRI y lo hace ahora con el izquierdista PRD) tiene numerosos frentes abiertos. Grupos de autodefensa vecinales (presentes en 46 de los 81 municipios del Estado según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México) paramilitares (protegidos por autoridades civiles y militares que sirven a empresas, caciques o partidos políticos) la actividad de diferentes carteles de narcotraficantes y las protestas de los maestros en contra de una reforma educativa que constituye uno de los puntales del Pacto por México – el país ocupa uno de los últimos puestos del informe PISA sobre educación – han generado una situación que se puede calificar de desgobierno, si no de verdadero Estado fallido.

En Acapulco, el que fuera refugio vacacional de artistas de Hollywood a mediados de siglo XX y capital económica del Estado, diversos grupos del crimen organizado (el cartel independiente de Acapulco, la familia Michoacana, el cartel de Jalisco Nueva Generación, la barredora…) libran desde el 2005 una guerra de todos contra todos, que alienta a su vez la delincuencia común como se ha visto en los últimos meses con los ataques a turistas. La violación de seis españolas en febrero del año pasado convirtió el crimen en un escándalo internacional y fue todo un golpe a las aspiraciones del presidente municipal Luis Walton (del Movimiento Ciudadano, con 20 diputados, quinta fuerza política del país) de que el destino turístico mexicano más conocido en el mundo recuperara sus días de esplendor. 

El Estado de Tamaulipas, en el golfo de México, limítrofe con el estado norteamericano de Texas vive desde hace cuatro años una guerra abierta entre los carteles del Golfo y de los Zetas por el control de una de las principales puertas de entrada de droga a Estados Unidos. La violencia que vive el Estado no es más que un reflejo de la situación en otros muchos puntos del país que sufre la lucha encarnizada de los carteles de la droga por el control de la ruta de la droga que se vende al otro lado de la frontera y expresa la complejidad del conflicto que se vive en México.

La total impunidad con la que los criminales operan en la región – la pérdida de control territorial de las instituciones en algunas zonas, del monopolio de la violencia – y la corrupción generalizada – con tres exgobernadores priistas acusados por la Procuraduría General de la República (PGR) de lavado de dinero y delincuencia organizada – impiden cualquier amago de cohesión social y política del Estado mas opaco de México. Y las propias agencias de la ONU han dejado de trabajar allá porque no pueden garantizar la seguridad de sus operadores. 

Trabajar como periodista en México puede ser una cosa de vida o muerte, sobretodo si se vive y trabaja en Veracruz, una región clave para México por población – casi 8 millones de habitantes – y economía – representa el 6% del PIB nacional – donde 10 profesionales han sido asesinados –crímenes  que en la mayoría siguen sin resolverse – y cuatro han desaparecido desde la llegada del priista Javier Duarte a la gobernatura del Estado el 1 de diciembre de 2010. La impunidad que se da en el Estado Oriental es el sustrato en el que se mueven las bandas criminales y las autoridades para acallar a la prensa, especialmente el “gobernador”.

Un líder cuya gestión esta siendo muy polémica, empañada por presuntos actos de corrupción – el año pasado fue acusado por el Partido Acción Nacional de dirigir una operación para favorecer electoralmente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que apunto estuvo de acabar con el Pacto con México – su obsesión por los usuarios de las redes sociales – su gobierno intentó procesar judicialmente a un profesor y una periodista, bajo la acusación de ciberterrorismo (habían emitido mensajes en Twitter y Facebook sobre supuestos ataques de criminales a colegios) – y la violencia generalizada, en uno de los Estados más castigados por el crimen organizado en los últimos años.

Desde que en 2006 Felipe Calderón decidiera hacer del combate al narco su estrategia de legitimación, México acumula mas muertos que 10 años de guerra en Vietnam – setenta mil – y los capos son hoy más poderosos que nunca. Carteles que en su guerra por el control del negocio del tráfico de droga se han ido desplazando de un Estado a otro – del norte hacia el centro del país – en función de sus victorias y derrotas. Lugares como Ciudad Juárez, Tijuana y Monterrey, ya no ocupan los primeros puestos de la lista de homicidios. 
La violencia no cesa, solo se mueve y ahora es Michoacán  quien ocupa las primeras páginas de la prensa mundial. Centrado en las reformas económicas – un ambicioso paquete de cambios que incluía una mas que controvertida privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) – Peña Nieto quitó de sus prioridades el combate al crimen organizado y el conflicto entre narcos y las autodefensas y el aumento de los secuestros y la extorsión han marcado el primer año de mandato del presidente en Los Pinos.

Hace poco mas de una semana que Peña Nieto anunciaba un plan de rescate de 45.500 millones de pesos (3.400 millones de dólares que se divide en cinco ejes – economía, educación y cultura, infraestructura, salud y desarrollo social – que en conjunto suman 250 acciones para intentar reinventar Michoacán. Un Estado fallido que representa la suma de todos los fracasos del Estado mexicano para enfrentarse al crimen organizado, donde los narcotraficantes detentan y ejercen el poder fáctico y “talón de Aquiles” de la tan elogiada internacionalmente agenda de reformas del presidente. 

El Estado estaba obligado a intervenir ya, México necesitaba recuperar el monopolio de la violencia legítima en los territorios conflictivos y Michoacán (el plan "Juntos lo vamos a lograr”) puede resultar un buen comienzo

jueves, 26 de diciembre de 2013

Superheroínas musulmanas; la dura lucha contra los prejuicios

Su nombre es Kamala Khan, tiene 16 años, es de origen pakistaní y en febrero del próximo año nacerá como el primer personaje musulmán de Marvel Comics – desde el 2009 en manos de Walt Disney, uno de los pilares de la cultura y la industria de Estados Unidos, pero también una figura que sigue levantando mucha controversia casi 50 años después de su muerte y que pago cerca de 4.000 millones de dólares por los derechos de mitos del cómic como Iron Man, Spider Man, Capitán América y hasta 5.000 personajes más –.

La editorial de cómics estadounidense ha dado otro paso gigantesco de diversificar contenido – que empezó hace dos años cuando Miles Morales, un joven de origen hispano y raza negra, heredo el traje de su personaje más famoso, Spiderman – pero además la inclusión de la adolescente musulmana entre sus personajes, ofrece a esta empresa la oportunidad de alejarse de su imagen tradicional de que detrás de los antifaces y de las capas siempre hay un hombre blanco – aunque dos nuevos personajes femeninos se introducirán en el 2014 – y adaptarse a los nuevos tiempos. Derrotar prejuicios y aproximarse a una sociedad cada vez más diversa, donde cada vez mas, conviven razas, culturas, lenguas y religiones diferentes.

No fue la explosión de ningún planeta, el mordisco de una araña radiactiva o un misterioso suero lo que dio lugar a la creación de Kamala, sino de una conversación entre los dos creadores de sus aventuras, Sana Amanat y Steve Wacker, en la que la editora le contaba su propia historia como hija de paquistaníes emigrados a Estados Unidos, que después del Reino Unido y Oriente Próximo, acoge la tercera mayor diáspora llegada desde la “tierra de la pureza”.

Una comunidad que en Estados Unidos disfruta, en su mayoría, de un acomodado estilo de vida. La mayoría son profesionales liberales – especialmente en el campo de la medicina, la ingeniera o la tecnología de la información – o gestionan sus propios negocios que les ha permitido gozar de cierta influencia política y social y que encaja perfectamente con el retrato que de la familia Khan quieren hacer en el universo Marvel.

Una familia conservadora y muy religiosa – muchos se preguntan si en el fondo no es mas que perpetuar el estereotipo que se tiene de las familias musulmanas - que continuamente la presiona para que cumpla con las particulares expectativas que tienen puestas en ella: que sea una buena musulmana, que se gradué con buenas notas y estudie la carrera de medicina – los paquistanís* ocupan la cuarta posición en el numero de facultativos de origen extranjero, con casi 20.000 doctores ejerciendo en el país – y que no salga con chicos. Para la nueva heroína – que adoptara el seudónimo de Ms. Marvel cuando se transforme – satisfacer a su familia puede resultarle mucho mas difícil que ganarle la batalla a uno de los villanos a los que se enfrenta.

La historia de Kamala es sin duda la realidad de miles de adolescentes musulmanas en Estados Unidos que se sienten divididas entre dos mundos: el de su familia y el de sus amigos, quienes no siempre entienden sus tradiciones familiares o lo que significa el compromiso con Dios – Alá para aquellos que erróneamente consideran que la palabra Dios es de uso exclusivo del cristianismo - .

En Marvel aseguran estar preparados ante la posible repercusión negativa que pueda surgir tras el “nacimiento” de una superheroína musulmana, tanto por parte de los grupos antimusulmanes – en un país que pese a los esfuerzos acometidos desde múltiples frentes, se sigue vinculando los atentados del 11-S al colectivo musulmán – como de las comunidades musulmanas mas conservadoras a las que seguramente no les hará ninguna gracia ver a una joven mahometana embutida en unas mallas luchando contra los malos. Polémico fue también el estreno el pasado mes de julio en Geo, una de las principales cadenas privadas del país, de La vengadora del ‘burka’, la primera serie de TV animada made in Pakistán.

Los hechos transcurren en Halwapur un pueblo imaginario en las montañas del noroeste del país – un feudo talibán fuera del control de las autoridades, en la franja tribal fronteriza con Afganistán y habitado casi exclusivamente por pastunes – y su protagonista se llama Jiya: una maestra que se defiende de los matones locales, Baba Bandook, un machista redomado con aspecto talibán que odia las escuelas femeninas y un alcalde corrupto, arrojándoles libros y lápices y que preserva su anonimato gracias a un burka.

Aaron Haroon Rashid, más conocido como Haroon, un exitoso cantante pop paquistaní y su equipo, creadores de la serie de animación tuvieron que enfrentarse a las criticas de algunas organizaciones feministas y educativas, alarmadas porque la heroína apareciese haciendo uso del burka – que cubre a las mujeres de la cabeza a los pies con apenas una rendija para los ojos y que pertenece sobre todo a la tradición afgana – para repartir justicia. Una prenda que consideran símbolo de la opresión a la mujer y que relacionan con el islam más intransigente que los talibanes quieren imponer en el único país musulmán que posee la bomba atómica.

Pakistán es la cuna de Malala Yousafzai la activista de 16 años a la que los milicianos del TTP (Tehrik e Taliban Pakistán) grupo terrorista vinculado a los talibanes quisieron asesinar el año pasado por estudiar y reivindicar la educación femenina desde un blog en la BBC en urdu. Un cuaderno de bitácoras que reflejaba, con los ojos de una niña de 11 años, el horror que había supuesto para su comarca el progresivo control de los extremistas desde 2007. Un año después en Pakistán la violencia talibán – además de la de los movimientos separatistas locales y el de los sectarismos religiosos– sigue siendo máxima y no hay un solo día en el que no falten los atentados.

En ese contexto histórico y político se desarrollan las aventuras de Jiya, una superheroina que lucha con lápices voladores que abren candados y libros que golpean a sus enemigos, al ritmo del rap de Adil Omar o el rock de Ali Azmad, aparentemente otra serie de dibujos animados de buenos contra malos, pero que sus creadores aseguran quieren utilizar para lanzar el mensaje de la importancia de la educación – en un país con un 43 % de analfabetos, donde el presupuesto de defensa  y al pago de la deuda por compra de armas se lleva casi el 54 % del total frente al 1,9 por ciento de su producto interno bruto que se dedica a educación – y para defender los verdaderos valores del islam, justicia, igualdad, libertad y dignidad, totalmente opuestos a los que practican los radicales.

La serie también tiene un elemento importante: el humor. El humor contra la violencia y los tabúes. Quizás la clave de el éxito y la aceptación de una serie que se dispone a difundir su mensaje más allá de las fronteras de Pakistán. El mensaje de la no violencia y del perdón que reclamaba Malala Yousafzai en su discurso ante la ONU. El discurso de que un libro o una pluma, un cómics o unos dibujos pueden cambiar el mundo.



viernes, 1 de noviembre de 2013

Marina Silva y Eduardo Campos, una alianza nueva para un Brasil diferente

Con sus veinte millones de votos en la primera vuelta, se convirtió en la autentica protagonista de las elecciones presidenciales del 2010, la única realmente alegre aquel domingo 3 de octubre por la noche en las sedes de los partidos. Contra todo pronostico, el resultado dejo el fiel de la balanza en manos de la llamada “voz del Amazonas”

Cuatro años después y con un Brasil en plena rebeldía contra los políticos – y sin ningún miedo a protestar – Marina Silva ha vuelto a convulsionar la política brasileña al aliarse con el socialista Eduardo Campos para disputar juntos las presidenciales de 2014.

La líder ecologista no podía concurrir con su formación política, RedeSustentabilidade, porque según la máxima autoridad electoral brasileña, no había conseguido el respaldo de los 492.000 electores exigidos para que cualquier formación pueda concurrir a unas elecciones.

La decisión de TSE puso a Silva en la coyuntura de afiliarse a otra formación si seguía adelante con su propósito de disputar las elecciones, aunque desde el entorno de la presidencia se diese como cierto hasta el mismo día 5 a la mañana que Marina Silva no se presentaría a la disputa o si lo hacía, sería con un partido menor. Así que la alianza con Campos ha supuesto un nuevo seísmo para una clase política que desde las manifestaciones de junio no disfruta de un solo momento de sosiego.

Con el acuerdo entre el gobernador de Pernambuco y la ecologista ha nacido una tercera vía, en un país en el que a pesar de haber mas de 30 partidos políticos, existe, de hecho, un bipartidismo entre el Partido de losTrabajadores (PT) de Rui Falcão – hombre de confianza de Lula da Silva y Dilma Rousseff y que aspira a la reelección como presidente del partido el próximo 10 de noviembre – y el Partido Socialista Democrático de Brasil (PSDB) del expresidente Fernando Henrique Cardoso. Ambas fuerzas políticas llevan cerca de 30 años dominando la escena política brasileña, con las demás reducidas a mera comparsa, subiéndose siempre al caballo ganador.

Lula repitiendo una y otra vez que no piensa regresar a la carrera electoral – aunque crece la hipótesis de que el expresidente, el único que según las encuestas ganaría las presidenciales en la primera vuelta, ira a las elecciones como segundo de Dilma – y un Partido Socialdemocrático de Brasil (PSDB) que sigue debatiéndose entre el hasta ahora candidato oficial Aecio Neves y el histórico líder del partido José Serra como cabeza del cartel electoral, la nueva formación nace con la firme intención de cambiar las reglas del juego político, de hacer política de una “forma nueva” a través de las redes sociales favoreciendo la participación diaria y activa en la vida de las organizaciones.

 Silva y Campos, que dejo la alianza de gobierno el pasado mes de septiembre del que venia formando parte desde hacia más de 10 años, reconocen al Partido de los Trabajadores el mérito del auge económico – y de las mejoras sociales y distributivas – del  país en los últimos años. Pero también le acusan de no haber sabido o no haber podido hacer una serie de reformas que hubieran dotado de mucha mas madurez a la democracia brasileña: la reforma de la educación, de la sanidad, del modelo económico y de la política.

Una democracia mas madura. Eso era, sobre todo, lo que quería y pedía la sociedad que en junio se echó a la calle. Una democracia que sea gestionada no solo por los políticos, sino por todos y cada uno de los brasileños, que no se limiten a votar cada cuatro años; una democracia con menos corrupción y menor impunidad para quienes entiendan la política como sinónimo de “enriquecimiento”; Una democracia donde la oposición sea capaz de jugar el papel clave que le corresponde. En definitiva una democracia mejor.

Y esto es lo que los hijos rebeldes de Lula – Silva fue una de las personas más allegadas al expresidente y formó parte de su gabinete como ministra de Medio Ambiente entre 2003 y 2008 y Campos ha sido siempre amigo personal y fiel colaborador en los gobiernos del PT, donde el mismo fue ministro de Ciencia y Tecnología entre 2004 y 2005 – prometen para atraerse el voto del mundo de la protesta y que serán los tres ejes centrales de su programa electoral; la democratización de la democracia, el mantenimiento y la profundización de los logros económicos y sociales y el desarrollo sostenible.

Que lo consigan no solo dependerá de ellos mismo, también de la capacidad de Dilma Rousseff – y del Partido de los Trabajadores – para recuperarse de aquí a las elecciones. Para demostrar que ha escuchado el mensaje de la calle, el grito de los miles de brasileños que en junio tomaron las calles de Brasil como no se recordaba desde la época en que terminó la dictadura (1964 -1985) cuando el pueblo exigía democracia, y desde los reclamos a favor de un juicio político contra el presidente Collor de Mello, en el verano del 92. Y aunque son muchos dentro del PT – representantes de las diferentes corrientes políticas internas del partido – que no se muestran de acuerdo ni con la línea ni con la agenda del Gobierno de Dilma de cara a su propia reelección, la presidenta cuenta con el apoyo de su padrino político, Luis Inácio Lula da Silva, el hombre que seguramente conozca a la sociedad brasileña como nadie y que lleva desde que abandono el poder haciendo campaña electoral a favor de Rousseff como si él mismo "fuera el candidato".

La alianza Silva-Campos ha obligado al gobierno, a los partidos aliados en el Consejo de Ministros y a la oposición, a modificar todas sus estrategias con vistas a las presidenciales de 2014, aunque todo puede cambiar mucho más, dependiendo de quien encabece la lista de este inesperado fenómeno político. Aún no ha sido decidido, pero si dependiera de a quién le adjudican mayores posibilidades de consenso las encuestas al día de hoy, se prevé que las elecciones de 2014 sean las más reñidas de los últimos 20 años, un cara a cara entre dos de las mujeres mas famosas del planeta en un país donde la política sigue siendo un coto reservado a los hombres



sábado, 7 de septiembre de 2013

América Latina, la mujer y la gestión del poder: Espectacular aumento del liderazgo femenino en el subcontinente americano


El 40 % de América Latina esta gobernada por mujeres. Gane quien gane las próximas elecciones chilenas, el porcentaje subirá casi al 45%. Y es que por primera vez en la historia de Chile dos mujeres se disputaran el poder. La expresidenta socialista Michelle Bachelet y la actual ministra de Trabajo Evelyn Matthei, la primera mujer de la derecha chilena que competirá por llegar a La Moneda.

El duelo que enfrentara a ambas mujeres en los comicios de noviembre, vuelve a encender los focos sobre el auge de las mujeres en el poder en América Latina, como ya lo hicieron en el 2012, cuando Josefina Vázquez Mota se convirtió en la primera candidata femenina por el Partido de Acción Nacional (PAN) para la presidencia de México. Unas elecciones en las que finalmente acabo imponiéndose Peña Nieto, pero en las que se despertó la ilusión de que por vez primera una mujer llegara a sentarse en el sillón presidencial.

En los noventa, fueron Violeta Chamorro en Nicaragua y Mireya Moscoso en Panamá; luego vino Bachelet y como un efecto domino, Argentina, Costa Rica y Brasil siguieron los pasos. Las trayectorias por las que cada una llegó al poder no son comparables: Desde la inexperiencia política de Chamorro a la experiencia acumulada durante 17 años como congresista nacional de Cristina Kirchner o una Dilma Rousseff que formó parte de uno de los más importantes grupos guerrilleros que lucharon contra la dictadura militar instaurada en 1964.

Pero no solo han sido las primarias chilenas; Las protestas contra el gobierno de Laura Chinchilla en Costa Rica, las recientes primarias en Argentina, pero especialmente las multitudinarias protestas ciudadanas del pasado mes de junio en Brasil – una  mezcla entre las manifestaciones estudiantiles chilenas y la caceroladas argentinas – también han sido motivo para volver a centrar la atención sobre el poder de las mujeres en América Latina, en un contexto en el que, aunque el crecimiento económico se ha frenado con respecto al periodo previo a la crisis, las condiciones siguen siendo claramente mejores a las de las economías avanzadas. Pero donde el abuso de poder y la corrupción, siguen siendo una lacra en términos de crecimiento económico y de consolidación democrática, para el desarrollo regional.

El caso chileno, donde por primera vez dos mujeres aspiran a sustituir al presidente saliente – el liberal Sebastián Piñera- confirma la tendencia a considerar a las mujeres una mejor opción para revalorizar a una democracia, en objeto continuo de escrutinio en el continente. Principalmente por la corrupción y el deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones públicas y la escasa credibilidad en la clase política que esta genera.

No es una cuestión de que ellas sean mejores o peores que los hombres, pero si es verdad que se ve a las mujeres más eficaces a la hora de gestionar los intereses públicos. Las latinoamericanas han logrado en estos últimos años los más espectaculares niveles de participación política femenina del mundo. Cuotas de poder altísimas que sin embargo siguen sin disfrutar a nivel social, debido a la estructura conservadora de las familias y al papel que se le otorga a la mujer dentro de ellas.

Durante muchos años las mujeres no han tenido posibilidades de estar en el poder y hoy, es una realidad que Gobiernos como el de Michelle Bachelet, Cristina Fernández o Dilma Rousseff lo hicieron o lo están haciendo con relativo éxito. Todas ellas son vistas como buenas administradoras, mas eficaces y mas comprometidas. Y a ello han ayudado mucho programas sociales como Bolsa Familia en Brasil – mediante el cual se distribuyen subsidios entre las personas más pobres y que beneficia a cerca de 14 millones de familias – o el Plan Familia en Argentina, en los que las beneficiarias de las ayudas han sido las mujeres; Aunque tanto Fernández como Rousseff no pasen ahora por su mejor momento político.

Para algunos expertos, la cuestión tiene que ver con el hecho de que se sigue viendo a la mujer "como la madre que vela por todo el mundo y que no va a meter la mano en la caja". Y se muestran muy críticos al considerar que el hecho de que estos programas se centren en la mujer exclusivamente es una razón instrumental y no llevan necesariamente a una mejora de la condición de las mujeres en la región. Creen que el mayor poder alcanzado por la mujer en el ámbito de la política – o de la gestión publica – se sigue basando en una idea mas bien conservadora.

Otros en cambio consideran que el ascenso de la mujer en el sector publico – una participación mucho mas igualitaria de las mujeres – ha ayudado y mucho a disminuir los actos de corrupción en todos los países del continente. Que ha quedado demostrado que otorgándole a la mujer mayor control sobre los recursos, ha disminuido el impacto que la corrupción tiene en la vida de los grupos con mayor vulnerabilidad social, y no solo en las mujeres.

Sin embargo para la mayoría sigue siendo muy difícil confirmar la idea de que las mujeres son más eficaces en la lucha contra la corrupción. Y lanzan esta pregunta: ¿Son menos corruptas o sencillamente no lo han sido por no haber tenido el poder?,

Desde distintos programas de genero del continente recuerdan que, a pesar de que la idea esté muy difundida, “no hay evidencia de que sea así“ aunque destacan el caso de Dilma Rousseff en Brasil como un ejemplo en positivo. A la presidenta brasileña – que fue presentada como la madre que seguiría cuidando de los más necesitados, después de la retirada de Lula , el “padre de los pobres” – no le ha temblado el pulso a la hora de cesar a ningún miembro de su gabinete que tuviera alguna sombra de corrupción. Y no han sido pocos desde que llego a esa obra maestra que es Planalto.