El mundo desde mi mac

El mundo desde mi mac
Mostrando entradas con la etiqueta Integrísmo religioso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Integrísmo religioso. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de diciembre de 2013

Superheroínas musulmanas; la dura lucha contra los prejuicios

Su nombre es Kamala Khan, tiene 16 años, es de origen pakistaní y en febrero del próximo año nacerá como el primer personaje musulmán de Marvel Comics – desde el 2009 en manos de Walt Disney, uno de los pilares de la cultura y la industria de Estados Unidos, pero también una figura que sigue levantando mucha controversia casi 50 años después de su muerte y que pago cerca de 4.000 millones de dólares por los derechos de mitos del cómic como Iron Man, Spider Man, Capitán América y hasta 5.000 personajes más –.

La editorial de cómics estadounidense ha dado otro paso gigantesco de diversificar contenido – que empezó hace dos años cuando Miles Morales, un joven de origen hispano y raza negra, heredo el traje de su personaje más famoso, Spiderman – pero además la inclusión de la adolescente musulmana entre sus personajes, ofrece a esta empresa la oportunidad de alejarse de su imagen tradicional de que detrás de los antifaces y de las capas siempre hay un hombre blanco – aunque dos nuevos personajes femeninos se introducirán en el 2014 – y adaptarse a los nuevos tiempos. Derrotar prejuicios y aproximarse a una sociedad cada vez más diversa, donde cada vez mas, conviven razas, culturas, lenguas y religiones diferentes.

No fue la explosión de ningún planeta, el mordisco de una araña radiactiva o un misterioso suero lo que dio lugar a la creación de Kamala, sino de una conversación entre los dos creadores de sus aventuras, Sana Amanat y Steve Wacker, en la que la editora le contaba su propia historia como hija de paquistaníes emigrados a Estados Unidos, que después del Reino Unido y Oriente Próximo, acoge la tercera mayor diáspora llegada desde la “tierra de la pureza”.

Una comunidad que en Estados Unidos disfruta, en su mayoría, de un acomodado estilo de vida. La mayoría son profesionales liberales – especialmente en el campo de la medicina, la ingeniera o la tecnología de la información – o gestionan sus propios negocios que les ha permitido gozar de cierta influencia política y social y que encaja perfectamente con el retrato que de la familia Khan quieren hacer en el universo Marvel.

Una familia conservadora y muy religiosa – muchos se preguntan si en el fondo no es mas que perpetuar el estereotipo que se tiene de las familias musulmanas - que continuamente la presiona para que cumpla con las particulares expectativas que tienen puestas en ella: que sea una buena musulmana, que se gradué con buenas notas y estudie la carrera de medicina – los paquistanís* ocupan la cuarta posición en el numero de facultativos de origen extranjero, con casi 20.000 doctores ejerciendo en el país – y que no salga con chicos. Para la nueva heroína – que adoptara el seudónimo de Ms. Marvel cuando se transforme – satisfacer a su familia puede resultarle mucho mas difícil que ganarle la batalla a uno de los villanos a los que se enfrenta.

La historia de Kamala es sin duda la realidad de miles de adolescentes musulmanas en Estados Unidos que se sienten divididas entre dos mundos: el de su familia y el de sus amigos, quienes no siempre entienden sus tradiciones familiares o lo que significa el compromiso con Dios – Alá para aquellos que erróneamente consideran que la palabra Dios es de uso exclusivo del cristianismo - .

En Marvel aseguran estar preparados ante la posible repercusión negativa que pueda surgir tras el “nacimiento” de una superheroína musulmana, tanto por parte de los grupos antimusulmanes – en un país que pese a los esfuerzos acometidos desde múltiples frentes, se sigue vinculando los atentados del 11-S al colectivo musulmán – como de las comunidades musulmanas mas conservadoras a las que seguramente no les hará ninguna gracia ver a una joven mahometana embutida en unas mallas luchando contra los malos. Polémico fue también el estreno el pasado mes de julio en Geo, una de las principales cadenas privadas del país, de La vengadora del ‘burka’, la primera serie de TV animada made in Pakistán.

Los hechos transcurren en Halwapur un pueblo imaginario en las montañas del noroeste del país – un feudo talibán fuera del control de las autoridades, en la franja tribal fronteriza con Afganistán y habitado casi exclusivamente por pastunes – y su protagonista se llama Jiya: una maestra que se defiende de los matones locales, Baba Bandook, un machista redomado con aspecto talibán que odia las escuelas femeninas y un alcalde corrupto, arrojándoles libros y lápices y que preserva su anonimato gracias a un burka.

Aaron Haroon Rashid, más conocido como Haroon, un exitoso cantante pop paquistaní y su equipo, creadores de la serie de animación tuvieron que enfrentarse a las criticas de algunas organizaciones feministas y educativas, alarmadas porque la heroína apareciese haciendo uso del burka – que cubre a las mujeres de la cabeza a los pies con apenas una rendija para los ojos y que pertenece sobre todo a la tradición afgana – para repartir justicia. Una prenda que consideran símbolo de la opresión a la mujer y que relacionan con el islam más intransigente que los talibanes quieren imponer en el único país musulmán que posee la bomba atómica.

Pakistán es la cuna de Malala Yousafzai la activista de 16 años a la que los milicianos del TTP (Tehrik e Taliban Pakistán) grupo terrorista vinculado a los talibanes quisieron asesinar el año pasado por estudiar y reivindicar la educación femenina desde un blog en la BBC en urdu. Un cuaderno de bitácoras que reflejaba, con los ojos de una niña de 11 años, el horror que había supuesto para su comarca el progresivo control de los extremistas desde 2007. Un año después en Pakistán la violencia talibán – además de la de los movimientos separatistas locales y el de los sectarismos religiosos– sigue siendo máxima y no hay un solo día en el que no falten los atentados.

En ese contexto histórico y político se desarrollan las aventuras de Jiya, una superheroina que lucha con lápices voladores que abren candados y libros que golpean a sus enemigos, al ritmo del rap de Adil Omar o el rock de Ali Azmad, aparentemente otra serie de dibujos animados de buenos contra malos, pero que sus creadores aseguran quieren utilizar para lanzar el mensaje de la importancia de la educación – en un país con un 43 % de analfabetos, donde el presupuesto de defensa  y al pago de la deuda por compra de armas se lleva casi el 54 % del total frente al 1,9 por ciento de su producto interno bruto que se dedica a educación – y para defender los verdaderos valores del islam, justicia, igualdad, libertad y dignidad, totalmente opuestos a los que practican los radicales.

La serie también tiene un elemento importante: el humor. El humor contra la violencia y los tabúes. Quizás la clave de el éxito y la aceptación de una serie que se dispone a difundir su mensaje más allá de las fronteras de Pakistán. El mensaje de la no violencia y del perdón que reclamaba Malala Yousafzai en su discurso ante la ONU. El discurso de que un libro o una pluma, un cómics o unos dibujos pueden cambiar el mundo.



miércoles, 15 de mayo de 2013

Grupos insurgentes en conflictos olvidados: el doble drama humano en el tablero de la guerra (1)


Quizás no se encuentran entre los mas conocidos ni entre los mas importantes, pero tanto estos dos, como los que detallare en mi próxima entrega, son ejemplos de grupos armados con fuerte capacidad de desestabilización territorial y política. Grupos de insurrectos que coinciden en su determinación de cambiar – mediante una estrategia efectiva de movilización social y conflicto armado – un régimen político, controlar un determinado territorio o imponer su particular visión de la religión.

Independientemente de que alguno de ellos sea noticia actualmente o de que lo pueda ser muy pronto, han sido seleccionados porque a pesar de los miles de muertos que arrastran en sus siglas, son seguramente los que tienen mas posibilidades de quedarse fuera
de la cobertura mediática. Forman parte de eso que llamamos ‘conflictos olvidados’ dramas que hace mucho tiempo que no ocupan las portadas de los informativos.


Ansaru (Nigeria)


Jama’atu Ansaril Muslimina fi Biladis Sudan – Vanguardia para la Protección de los Musulmanes en África Negra, comúnmente conocido como Ansaru- nació en enero de 2012 como escisión de Boko Haram (en idioma hausa, "la educación occidental es pecado" ) un movimiento islamista inspirado en los talibanes afganos fundado en 2002 cuya pretensión es imponer la sharia, ya presente en los Estados del norte desde 1999, en todo el país.

Ansaru, cuyo líder es Abu Usmatul al Ansari – algunos expertos dicen que bajo el seudónimo se esconde Khalid al-Barnawi, uno de los tres terroristas nigerianos mas buscados-  esta formada por una un grupo de militantes opuestos al liderazgo de Abu Shekau. Que esta al frente de los talibanes nigerianos desde 2009,  tras la muerte de su fundador, Mohamed Yusuf, acribillado a balazos mientras intentaba huir de una comisaría de Maiduguri, capital del estado septentrional de Borno (fronterizo con Níger, Chad y Camerún). La ciudad a la que había convertido en su guarida y en la que diez años antes se creara el grupo radical.

El nuevo movimiento tiene estrechos vínculos con los principales grupos terroristas que operan en el norte de Mali, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unicidad del Yihad en África Occidental (Muyao) y Ansar al Din (AD) que entre abril y agosto del pasado año consiguieron imponer conjuntamente un dictado rigorista del credo islámico sobre cerca de millón y medio de habitantes en el norte de Mali, en un territorio mucho mayor que España, entre Mauritania, Argelia y Níger. Y que solo la intervención francesa – aunque esta claro que no bastara con una acción militar, que además desprende un fuerte olor neocolonial, para resolver los problemas de “ese escaparate de la democracia africana” que un día fue Mali, según un articulo de Philippe Bernard en Le Monde- ha logrado que abandonen.

Es esa estrecha relación con el terrorismo islamista que ha infectado a buena parte de la franja del Sahel y la vocación mucho mas internacionalista de los disidentes – la agenda regional por delante de la agenda local- una de las razones que llevo a la separación entre Ansaru y Boko Haram. Y puede que también la razón por la que Al Qaeda en el Magreb islámico (AQMI) se decante por los de al-Ansari como compañeros de viaje a la hora de intentar extenderse hacia el África Occidental, lo que incluye a la propia Nigeria.

Aunque Ansaru y Boko Haram, compartan la yihad como el medio elegido para lograr sus objetivos, los seguidores de al-Ansari – cuyo  lema es “esforzándose y luchando por la causa de Allah”- rechazan atacar a las personas por el mero hecho de no ser musulmanas y se niegan a las matanzas indiscriminadas usando a terroristas suicidas dispuestos a dar su vida por Ala o a la colocación de bombas en lugares públicos. El objetivo de los mas o menos mil  combatientes de Ansaru parecen ser los ciudadanos occidentales. La industria del secuestro – el mes pasado el grupo justifico el  asesinato de siete rehenes extranjeros a los que había capturado en febrero asegurando  que los Gobiernos británico y nigeriano habían puesto en marcha una operación de rescate- además de para financiarse le sirve para darse a conocer y de paso atraer a sus filas a lideres del “grupo madre” mas proclives a actuar en contra de los intereses extranjeros en el país, como Nur Mamman (autor intelectual del atentado contra el edificio de la ONU en Abuja en agosto del 2011) y otro de los terroristas mas buscados del país.

Expertos en la lucha antiterrorista aseguran que Ansaru surge como reacción a la violencia indiscriminada de los de Abu Shekau – en un video emitido en junio del 2012,el grupo renegaba de los métodos empleados por sus antiguos compañeros- el tiempo ha demostrado que no nos encontramos ante ningún fenómeno novedoso. La escisión de Boko Haram presenta los mismos elementos que podemos encontrar en otras organizaciones de la zona; Salafismo violento (persecución de cristianos, animistas y musulmanes sufíes, azotes públicos a hombres y mujeres por comportamientos no ortodoxos, prohibición del alcohol y el tabaco, obligatoriedad del velo femenino), operaciones propias del crimen organizado (la siniestra industria del rescate de occidentales secuestrados), insurgencia de baja intensidad y una enorme lucha de egos incompatibles entre sus lideres.


M23 (Republica Democrática del Congo)


El M23 es una reedición del CNDP (Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo) de Laurent Nkunda, durante años el brazo armado de Ruanda en las Kivus (Norte y Sur) las provincias más afectadas por la guerra en el este de Congo y el grupo rebelde más grande y poderoso del país hasta 2009. Nace a principios de abril del año pasado tras un proceso de integración fallido. Sus soldados y oficiales son hombres de Nkunda, que el 23 de marzo de 2009 aceptaron convertirse en partido político y unirse a las Fuerzas Armadas de la República Democrática  del Congo (FARDC) – el Ejército nacional – tras un acuerdo de paz. Es esta fecha la que da nombre al movimiento, M23.

Después de tres años de teórica reconciliación entre enemigos, de compartir el mismo uniforme y luchar contra los mismos unos 600 soldados, antiguos miembros de la guerrilla, se amotinaron y volvieron a alzarse en armas contra el gobierno de Joseph Kabila al considerar que las condiciones del acuerdo no estaban siendo respetadas desde Kinshasa y criticando las malas condiciones en las que se encontraba el ejército congoleño. Bosco Ntaganda y Sultani Makenga, números dos y tres del extinto CNDP encabezaron la insurrección con la ayuda de otros conocidos exrebeldes de la milicia, Bertrand Bisimwa y Baudouin Ngaruyec.

El M23 (como en su día el CNDP de Nkunda) esta acusado de contar con el apoyo económico y militar de Ruanda – el gran aliado de Estados Unidos en la zona – y también, aunque en menor medida, con la colaboración de Uganda, durante años la “niña mimada” del FMI, el Banco Mundial y Estados Unidos en la zona.

Bosco Ntaganda, alias Terminator ha permanecido al frente del grupo guerrillero hasta hace poco mas de un mes. El pasado 18 de marzo después de años comandando a distintos grupos armados en el este del país, como el Ejercito Patriótico Ruandés (EPR), las Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo (FPLC) o Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) y también fuerzas gubernamentales en, Ruanda y Congo, Ntaganda – acusado de alistar menores de 15 años, asesinato y violación y esclavismo sexual, persecución y pillaje de la población – se entrego por sorpresa en la embajada norteamericana en Kigali. Una semana después comparecía ante la Corte Penal Internacional (CPI) acusado por la fiscalía de crímenes de guerra y contra la humanidad presuntamente cometidos en el conflicto armado desatado en la región de Ituri (noreste de Congo) entre 2002 y 2003.

La perdida de apoyo por parte del Gobierno de Paul Kagame – el guerrillero convertido en estadista por obra y gracia de los lideres mundiales y el inconsciente colectivo de todo un país – y las divisiones internas dentro del M23 se apuntan como las razones para la rendición de Ntaganda.

Las desavenencias en el seno del grupo empezaron el pasado mes de febrero coincidiendo con el proceso de negociaciones en la capital de Uganda, Kampala, entre el M23 y el Gobierno de Joseph Kabila, a instancias del presidente ugandés, Yoweri Museveni. Y con el acuerdo de paz para estabilizar el este de la República Democrática del Congo (RDC) y la región de los Grandes Lagos que once países africanos – los nueve países con los que comparte frontera –Angola, Burundi, República Centroafricana, República del Congo (Congo Brazzaville), Sudán del Sur, Tanzania, Ruanda, Uganda y Zambia- y Sudáfrica – firmaban el 24 de ese mismo mes en Adís Abeba.

El M23 quedaba dividido entre los partidarios de Ntaganda por un lado y los de Sultani Makenga jefe del brazo militar del grupo (el Ejército Revolucionario Congolés) por otro, mas partidarios de llegar a un pacto con Kinshasa. Un acuerdo que sin embargo parece estar cada vez mas lejos de alcanzarse, ante las posturas radicalmente distintas que presentan el Gobierno y el M23. Comandado desde marzo por Makenga – con Bertrand Bisimwa como líder del aparato político –  una vez que Terminator quedo eliminado del tablero de guerra.

Una batalla interna que no ha sido mas que el reflejo exacto de otra guerra, la que vive el país – un gigante con pies de barro - desde hace mas de dos décadas. El conflicto más mortífero del mundo, donde han muerto casi seis millones de personas y aún así, paradigma de conflicto olvidado.