El mundo desde mi mac

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miércoles, 27 de marzo de 2013

Red, el nuevo proyecto de Marina Silva: Entre el wikipartido y Equo, entre Steven Johnson y la global revolution


La líder ecologista brasileña Marina Silva (Breu Velho, 1958) ex ministra de Medio Ambiente y discípula del legendario Chico Mendes, ecologista y líder sindical asesinado por su defensa de la Amazonia, ya ha dado el pistoletazo de salida a la campaña electoral de las próximas presidenciales brasileñas – para las que queda mas de un año- con la creación de un nuevo partido, y con el que aspira a repetir el éxito del 2010.

Un partido que para empezar no se llamara así. El nombre es RedeSustentabilidade aunque acabara siendo Rede a secas, como ya se denomina oficialmente en el Art. 1º de sus recién creados estatutos. Y un partido que paradójicamente, tampoco será un partido, es decir, una fuerza política al uso. Sera más bien, “una idea política nueva". Según explicó Marina Silva, en el ‘Encontro Nacional’ que sirvió para el lanzamiento de la nueva formación,  “una puerta para romper el monopolio que los actuales partidos ejercen en el Estado”.

El nuevo proyecto de la que durante 30 años fue una de las personas más allegadas y fieles al ex sindicalista preocupa en Planalto y causa inquietud en el Edificio Metrópolis, sede central del PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña), el partido fundado por expresidente de la República, Fernando Henrique Cardoso y que ya ha elegido al actual senador y exgobernador del Estado de Minas Gerais, Aécio Neves – nieto del histórico líder político Tancredo Neves- como su nuevo candidato en sustitución de José Serra, el eterno candidato.

En 2010, los veinte millones de votos (el 19% de las papeletas) que Silva recabó como cabeza de lista del PV (Partido Verde), la convirtieron en la gran sorpresa – y autentica protagonista- de las elecciones presidenciales brasileñas. La Senadora por Acre (1995 – 2011) fue la única líder realmente contenta, en una noche electoral muy distinta de la que había imaginado Lula da Silva, que veía frustrado su sueño de imponer a su candidata – y heredera política-en primera vuelta.

Menos de un año después de aquel triunfo, que la convirtió en el fenómeno político del momento en Brasil, Silva dejó el Partido Verde víctima de la dictadura partidista impuesta por quienes hasta su llegada dominaban en el partido, nada predispuestos a la revolución interna que proponía la exministra de Lula. Durante un tiempo permaneció callada – seguramente dando forma a su nueva ‘criatura’ política-. Fueron muchos, los que aseguraron entonces, que solo se había tratado de flor de un día, en el complicado sistema electoral brasileño.

El tiempo ha demostrado que estaban equivocados. En todos los sondeos realizados últimamente de cara a las próximas presidenciales, la ambientalista aparece la segunda con mas consensos después de la presidenta. En el realizado a finales de diciembre pasado por el Instituto Datafolha, y con un 18% de votos, se ponía a cuatro puntos de Neves y a 12 de Eduardo Campos, el presidente del Partido Socialista de Brasil y gobernador de Pernambuco, amigo personal y fiel colaborador en los gobiernos del PT y que ya ha anunciado su intención de ser candidato en 2014.

Aunque la mayor preocupación de Silva en estos momentos no son las encuestas electorales, sino poder recoger medio millón de firmas en apoyo a su nuevo proyecto. Las necesarias, según la ley brasileña, para que Rede sea registrado como fuerza política.

Un partido (para muchos un estado de ánimo) fuera de la lógica tradicional, “ni de derecha ni de izquierda”, capaz de pensar la política a largo plazo y en la misma línea de los movimientos de los indignados. Rede se coloca mas cerca del 15M, de OccupyToronto o del Partido X ( una nueva formación política alumbrada por seguidores del 15M español y de los movimientos que preconizan la cultura y el software libres) que de las teóricamente fuerzas progresista brasileñas ( la mayoría simples comodines para formar gobiernos a cambio de cargos en la administración publica o en cualquiera de las muchas empresas estatales).

Rede –el nombre pretender asociar el ejercicio de la política a las redes sociales, que salvando las distancias, tan buenos resultados le ha dado al Movimiento 5 Estrellas en las recientes elecciones generales celebradas en Italia- quiere reformar la política tradicional siguiendo la ola de la global revolution. La construcción de un nuevo modelo económico y social y volver a colocar la cuestión de la crisis ecológica en la agenda de las luchas sociales – no olvidemos el papel secundario que las cuestiones medioambientales han tenido en las insurrecciones sociales y los movimientos de protestas surgidos entre el 2010 y el 2012, incluidos los brasileños y que tuvieron como característica principal el haber utilizado  las redes sociales como instrumentos de convocatoria y movilización-.

Alfredo Sirkis, uno de los fundadores del Partido Verde en 1986, junto a Fernando Gabeira o José Luis Penna y diputado por los ecologistas desde el 2011, Heloísa Helena, exsenadora por el PT, expresidenta del PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) y la primera mujer que disputó la presidencia brasileña y Gilberto Gil uno de los dioses de la música brasileña y exministro de Cultura con Lula han decidido apoyar a Marina Silva en su nuevo reto. Un proyecto visto con simpatía por la sociedad brasileña, pero que ni los partido clásicos, ni los mass media parecen haber entendido.

Cristovam Buarque (compañero de gabinete en el Gobierno de Lula y a los que algunos colocan en la plancha presidencial de Eduardo Campos) y Randolfe Rodrigues (potencial candidato a la presidencia en el 2014, por el PSOL) están entre los mayores críticos con la aparición de Red en la escena política brasileña. “Tenia la esperanza de que liderara un movimiento por encima de los partidos tradicionales, no de que creara otro” o “el nuevo partido va a empequeñecer a Marina”  fueron las primeras palabras con las que exgobernador del Distrito Federal recibió la idea. Mientras Rodrigues, acusa a Silva y los suyos de predicar un "capitalismo ambiental" y cree que “el discurso de la sostenibilidad no resolverá por si solo los problemas del país”

Muchos politólogos también tienen sus dudas acerca de un proyecto que echa a andar con mas preguntas que respuestas. Una de las mas importantes: ¿Es compatible el concepto red con un liderato concentrado en una cara tan conocida como Marina Silva?

Los analistas políticos consideran muy difícil llevar adelante un proyecto apoyándose en la red – otra forma de hacer política que los ciudadanos brasileños vienen reclamando desde hace tiempo a través de movimientos como conexôes globais o Existe amor em SP o desde el Gabinete Digital lanzado por el gobierno de Rio Grande do Sul-. Creen que Marina tiene muy complicado, construir un partido que no funcione como un partido y donde idealismo y pragmatismo tengan que convivir en igualdad de condiciones.

Lo cierto es que la aparición en la escena política de Rede, puede alterar por completo (por si en el PT y el PSDB no tuvieran ya bastante con las ambiciones presidenciales de Campos) el resultado de las próximas elecciones presidenciales. Marina Silva puede volver a convertirse (otra vez) en clave para el futuro de Brasil.

martes, 12 de febrero de 2013

El sistema roto: Radiografía de la inmigración en Estados Unidos


En Estados Unidos, con una población de 315 millones de habitantes, residen actualmente 40, 4 millones de inmigrantes, según el análisis del Pew Research Center a partir del ultimo censo de población. Y que el centro de estudios ha publicado coincidiendo con el pacto entre demócratas y republicanos sobre la reforma migratoria. La cifra ha crecido de forma constante durante la ultima década y desde 2007 casi dos millones y medio de inmigrantes mas viven el país.

El estudio confirma también el aumento de la población indocumentada en la ultima década, hasta los 11 millones de personas. Una cifra que permanece estable desde hace dos años. La crisis económica en EEUU (que comenzó con el derrumbe de Lehman Brothers apenas unas semanas antes de las presidenciales del 2008) tuvo el efecto de redirigir los flujos migratorios hacia otros países como Australia, Corea del Sur o Canadá. Y la mejora de la coyuntura económica en algunos de los países de origen –especialmente de América Latina y el Caribe- y las medidas contra la inmigración ilegal llevadas a cabo por la Administración Obama - mucho mas dura que su predecesora- redujeron la entrada de inmigrantes en el país.

Barack Obama – un anti Rajoy que si sabe como emocionar a los ciudadanos- dedico su primer discurso del segundo mandato a defender la necesidad de una remodelación del modelo migratorio norteamericano. Una promesa incumplida de 2008, que puede convertirse en una de las mayores reformas del presidente, como ya lo fue la ley de reforma sanitaria aprobada en el 2010. En su alegato desde Las Vegas (Nevada) el presidente – que un día después repetiría prácticamente el mismo discurso en la cadena de televisión hispana Telemundo- recordó como Estados Unidos fue levantado por inmigrantes y afirmo que “salvo que ustedes sean indios-americanos, todos ustedes vienen de otro país” y las estadísticas le dan la razón. EEUU sigue siendo el país preferido para los emigrantes de todo el mundo, muy por delante de Rusia -segundo en la lista- que cuenta con mas de 12 millones de inmigrantes y donde a la sombra de un gobierno que se define como demócrata, ha ido creciendo un nacionalismo populista y xenófobo.

La población inmigrante de Estados Unidos, incluidos aquellos que no tienen papeles, suponen el 13 % de la población total del país. Un porcentaje inferior al de finales del siglo XIX y principios del XX, donde los habitantes nacidos fuera del país suponían el 15 % de la población, como consecuencia de una gran ola migratoria. Se calcula que entre 1880 y 1925 unos 25 millones de personas entraron en el país, especialmente europeos. A finales de los 60, los efectos del cambio legislativo en materia migratoria y la mejora de las condiciones de vida en Europa, marcan un punto de inflexión y los nuevos inmigrantes llegan especialmente de América Latina (el 50%) y de Asia (27%). México, China e India son los tres principales países de origen. Pero también hay un importante numero de personas que llegan desde Corea, Filipinas y Centroamérica según datos del Instituto de Política de Inmigración.

La población inmigrante se reparte de manera desigual en la geografía de los Estados Unidos y en solo seis estados – que  representan el 40% de la población norteamericana- viven el 65 % de las personas nacidas fuera del país. California es el estado con mayor numero de inmigrantes; 10 millones, el 27 % de sus habitantes. Y donde la población hispana será mayoría desde principios de 2014 según un informe del Departamento estatal de Finanzas publicado hace escasos días.

De manera desigual también, se reparte la población extranjera que ha obtenido la nacionalidad estadounidense en los últimos cuatro años. California, Florida y Nueva York son los tres estados que encabezan el ranking. Y el 14 % de los nuevos ciudadanos vivían en la ciudad de los rascacielos.

Uno de los temas mas debatidos en materia migratoria en la ultima década, ha sido sin duda, el futuro de los denominados dreamers (soñadores) como se les conoce a los cerca de dos millones de jóvenes sin papeles (la mayoría de origen hispano, sobre todo mexicanos) que se hubieran beneficiado de la ley Dream Act si los republicanos- con el apoyo de algunos demócratas-no la hubieran rechazado una y otra vez. Jóvenes entre 16 y 30 años que llegaron a los Estados Unidos siendo niños o adolescentes y en muchos casos, como recordó el propio Obama, “descubrieron que no eran ciudadanos a la hora de solicitar un trabajo”.

Su suerte cambiaria en el 2010, con la aprobación del programa de acción diferida (Deferred Action for Childhood Arrivals, DACA). Una orden ejecutiva de Obama que cancelaba cualquier orden de deportación pendiente sobre ellos y les concedía un permiso de trabajo temporal renovable, siempre que cumpliesen una serie de requisitos: Haber entrado en Estados Unidos antes de cumplir 16 años, tener cinco años de estancia consecutiva en el país desde el 15 de junio de 2007 o presentar pruebas de estar cursando estudios o enrolado en las fuerzas armadas entre otras.

Esta claro que con la reforma, que ha empezado ya a debatirse en el Subcomité de Inmigración de la Cámara de Representantes, las condiciones no deberían seguir siendo las mismas para estos jóvenes, ya que la amenaza de deportación no solo recae sobre personas individuales, sino que cambia la vida de familias enteras: Casi el 50 por ciento de los hispanos tienen un pariente indocumentado y casi un tercio de los que son deportados (millón y medio de personas en la primera legislatura de Barack Obama) tienen familiares estadounidenses.

Pero ni el futuro de los “soñadores” ni el de los 11 millones de indocumentados fueron el principal tema que trato el grupo bipartito en su primera reunión. El comité centro su discusión en cómo atraer a nuevos inmigrantes altamente cualificados y cómo facilitar la estancia de aquellos extranjeros que ya han estudiado en universidades norteamericanas, porque tanto demócratas como republicanos saben que el futuro económico de los Estados Unidos depende en gran parte de ellos.

El programa para trabajadores agrícolas, será otra de las grandes áreas, que centre la reforma. En los Estados Unidos hay cerca de tres millones de trabajadores agrícolas, el 80 % nacidos fuera del país y el 50 por ciento indocumentados. Mexicanos, hondureños o guatemaltecos obligados a trabajar en las peores condiciones y que carecen de las mínimas protecciones legales.

Hace escasamente un mes de la segunda investidura de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, en una ceremonia con marcado acento hispano. Fue la manera de Obama de agradecerles su apoyo en unas elecciones, donde el voto de las minorías – y especialmente el latino- fue decisivo para la victoria. Era la segunda oportunidad que le daban, de ser recordado en la historia, como el presidente que llevo a cabo la mayor reforma del sistema migratorio de los Estados Unidos. Esperemos que no les falle.

domingo, 13 de enero de 2013

Indignados israelíes: De la pancarta al escaño


Al igual que sus vecinos en el llamado Oriente Próximo o aquí en Europa, miles de israelíes se alzaron en 2011 a favor de un cambio. Era el despertar social de un país que esos días vivió su propio Mayo del 68.

Dos meses después del nacimiento del 15-M en España, profesores, estudiantes y taxistas, enfermeras, médicos o jubilados formaban parte de un abanico social que se levantó en contra de un gobierno que decían, hacia mucho tiempo que había dejado de escucharles.

Mostraban el lado mas humano y global de una sociedad que luchaba por tener una buena educación, mejores servicios sociales o una vivienda mas barata. Veíamos una imagen muy distinta de la que estamos acostumbrados a ver: un país deshumanizado y obsesionado con la guerra contra sus vecinos (y ciudadanos) árabes.

Por unos días, los lemas a favor de la revolución egipcia y las pancartas en contra del primer ministro Netanyahu sustituían en Al Jazeera (y en todas las televisiones del mundo) a las habituales imágenes que nos llegan todos los días desde Jerusalén o Tel Aviv.

La ocupación israelí ha arruinado la economía de los territorios palestinos (además de matar personas, los israelíes bombardean cualquier cosa que se parezca a una empresa) pero también ha tenido un alto costo económico para Israel. Eso sí, nadie o casi nadie se atrevía a criticarlo por temor a ser acusado de traidor o de no ser un buen judío.

Hasta que miles de personas dijeron basta y decidieron que ya era hora de hacer oír sus voces. Nacía el Movimiento de los Indignados israelíes.

StavShaffir, Itzik Shmuli y Alon-Lee Green fueron los líderes mas visibles del movimiento “indignado”. Un año y medio después, dos de ellos están a punto de convertirse en diputados de La Knéset. El parlamento israelí que se renovará el próximo día 22 en unas elecciones generales anticipadas por Netanyahu.

Stav Shaffir e Itzik Shmuli ocuparan el numero 8 y 11 respectivamente en las listas del Partido Laborista. La decisión de la periodista y del presidente del sindicato de estudiantes de participar en política era esperada e incluso deseada, aunque a muchos nos ha sorprendido que se hayan decantado por el partido de Shelly Yachimovich.

Alon-Lee Green hace tiempo que participa activamente en política, pero lo hace en el Hadash (Frente Democrático por la Paz y la Igualdad) un movimiento de izquierdas con cuatro diputados en la Knéset y en cuyos principios fundacionales figuran la evacuación de todos los territorios ocupados por Israel en junio de 1967 y el establecimiento de un Estado Palestino al lado de Israel.

En un país cada vez mas conservador y religioso, es sin duda el programa electoral del partido de Mohammad Barakah, el que mas y mejor recoge las reivindicaciones de los asambleístas y manifestantes del bulevar Rothschild de Tel Aviv (lugar de acampada del 15-M israelí). Además de luchar a favor de la igualdad y en contra de los recortes, también lo hacen en contra de un mal cada vez mas extendido en el país: el racismo. Como recordaba Ana Garralda en un articulo en El País, el controvertido oxímoron de “judeo-nazis” acuñado por Yeshayahu Leibowitz, hace meses que ha vuelto a ser recuperado en las editoriales de la prensa de izquierda israelí.

A pesar del discurso de renovación interna de Yachimovich y aunque todas las encuestas coincidan en que los laboristas (junto con la extrema derecha de Naftali Bennett, la estrella revelación de estas elecciones ) capitalizaran el descontento social persistente en el país, el partido de Golda Meir y e Isaac Rabin no ofrece ninguna propuesta verdaderamente novedosa.

Shaffir y Shmuli van en una lista electoral en la que la mitad de los candidatos no se habla con la otra mitad y en la que siguen predominando las viejas glorias del laborismo. Políticos acostumbrados al poder en un partido que dominó la vida política israelí durante décadas y que no dudó en unirse a la extrema derecha para seguir tocándolo cuando los números les impidieron hacerlo solos.

Y no sería nada extraño que al cierre de las urnas y en un arco parlamentario tan fragmentado como el israelí, el Likud (aliado con el ultranacionalista Avigdor Lieberman) y los Laboristas vuelvan a sentarse para llegar a un acuerdo de gobierno y al que seguramente tendrían que sumar los votos de algún partido religioso como Yahadut Hatorah o Otzma LeYisrael, la derecha de la derecha israelí.

Lo que en cualquier otro país seria política ficción en Israel puede convertirse en realidad. Mucha gente se pregunta, cuál seria entonces la postura que adoptasen los recién llegados. ¿Aceptarían los lideres del estallido social poner en manos de Netanyahu la esperanza de cambio de todas y cada una de esas miles de personas que se manifestaron en contra de su política?

Ambos han defendido su entrada en política con argumentos muy parecidos: Era la siguiente fase después de la acampada y las manifestaciones. Llevar la calle al parlamento e influir desde dentro. Un paso lógico para un movimiento que logró cambiar el discurso político y económico del país.

Pero desde luego no parece lo mas lógico hacerlo desde el Partido Laborista, que aunque se esfuerce en venderse como un partido renovado, sigue conservando todos los vicios de la vieja política israelí. Intentar representar a esos mas de 300.000 manifestantes desde una plataforma electoral nueva, si no querían hacerlo desde cualquier otra formación de izquierda hubiera sido mejor entendido aún a riesgo de haber fracasado.

Muchas editoriales han llamado la atención sobre la rapidez con la que Shaffir y Shmuli se han adaptado a la disciplina de los laboristas. De lo poco que les ha costado pasar del lenguaje de la pancarta al de la alta política. Y de cómo han aprendido a rodear el que vuelve a ser el tema protagonista de la política israelí, La Seguridad.

El gobierno de Netanyahu les acusó de ello y se comenta entre aquellos que compartieron horas de activismo con ellos, pero si Stav Shaffir e Itzik Shmuli usaron el movimiento de protesta como trampolín político, solo lo sabremos a lo largo de la próxima legislatura. Ojala que se equivoquen (que nos equivoquemos) y su labor parlamentaria sea una continuación de su batalla en la calles.