El mundo desde mi mac

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viernes, 5 de septiembre de 2014

Alternative für Deutschland, auge del euroescepticismo en Alemania

El estado federado de Sajonia, el primer land que abrió las puertas de su parlamento regional desde la unificación del país al partido Nacionaldemócrata (NPD), ultraderechista y con elementos neonazis ha vuelto a escribir este pasado domingo una nueva página en la historia política de la Alemania unificada. El único partido euroescéptico del país, Alternativa para Alemania (AfD), con solo 16 meses de vida en el panorama político germano, ha obtenido por primera vez una representación en un parlamento regional.
Casi cuatro millones de electores acudieron a la cita con las urnas en el estado más próspero de los cinco nuevos Länder que se incorporaron a una Alemania que el año que viene celebrara 25º aniversario de su reunificación. Eran las primeros comicios regionales que se celebraban tras las elecciones generales de septiembre de 2013 donde Angela Merkel obtuvo una abrumadora victoria que la dejó a las puertas de la mayoría absoluta en el Parlamento federal (Bundestag).
Los resultados de las elecciones en Sajonia – el estado libre más antiguo de Alemania – ratificaron una corriente creciente en la locomotora económica europea – a pesar de la severa y repentina contracción que sufrió la economía alemana al caer en un 0,2% en el segundo trimestre del año con respecto al trimestre anterior – que muestra que un vasto sector de la población está en contra de la divisa comunitaria y a favor de recuperar para el país el “Deutsche Mark”.
El AfD fue creado el 14 de abril de 2013 por un grupo de profesores, economistas, políticos y periodistas, varios de ellos antiguos miembros de la CDU y del FDP, como el propio Bernd Lucke, jefe de los euroescépticos que con más apariencia de seminarista que de político, perteneció a los democratacristianos de Merkel durante 33 años.
El partido –y todo su discurso- se conformo en torno a la negativa contra Europa, una formula que les permitió obtener un 4,8 % en las elecciones federales del año pasado y un 7% en las elecciones europeas. El magnifico resultado – casi un 10% de los votos – que  obtuvo este domingo revela que el descontento con Europa – y una economía que amenaza con entrar en una tercera recesión – no es una moda pasajera.
El que no entrará en el parlamento regional es el ultraderechista Nacional Democrático (NDP), de los que la AfD nunca no se ha distanciado claramente que no superó la barrera del 5% el mínimo para lograr representación. En las elecciones regionales de 2004, sobre el mismo territorio donde el antifascismo era una de las bases ideológicas del régimen comunista, se hizo con el 10% de los votos, un resultado que consternó al país y convirtió el land en un bastión de los neonazis. Diez años después, parece que los electores han perdido el entusiasmo por el discurso del partido de Udo Pastörs, uno de los partidos más radicales de la ultraderecha europea. Su nazismo recalcitrante deja a la izquierda a formaciones del populismo ultraderechista europeo como el Vlaams Belang belga, los Demócratas de Suecia o el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP).
La CDU revalidó su poder en Sajonia, que dirige desde hace 24 años, desde el 2008 con Stanislaw Tillich (alemán de origen sorabo) como ministro-presidente, pero deberá buscar un nuevo socio de Gobierno, ya que consiguió en torno al 40% de los votos, en unos comicios marcados por la baja asistencia a las urnas,  apenas un 48% que muchos analistas atribuyen al escaso entusiasmo suscitado por una campaña que ha coincidido con las vacaciones de verano.
El socio más probable de la CDU para una coalición de Gobierno —repitiendo, a pequeña escala, el modelo de gran coalición federal que encabezan Merkel y Sigmar Gabriel — será el partido Socialdemócrata (SPD), que obtuvo un 12,4% de los votos, dos puntos por encima que hace cuatro años, pero que señala que el partido más antiguo del país sigue sin despertar la pasión del electorado en la antigua Alemania del Este. Mas suerte han tenido los excomunistas de Die Linke – un partido que no es apenas explicable desde los parámetros habituales de la política española – que  con alrededor del 19% de los sufragios volvió a demostrar que sigue siendo una opción real de poder, lo que no puede decirse de los verdes con un 5,7% y que ha provocado la renuncia de su cabeza de lista AntjeHermenau a presidir el grupo parlamentario de la Alianza 90 / Los Verdes en el nuevo parlamento.
Los comicios de Sajonia también han vuelto a confirmar el lento pero imparable calvario del partido Liberal (FDP). El famoso partido bisagra ha dado un paso más en la senda de autoliquidación que enfilo poco después del histórico triunfo del 14,6% en las generales de 2009.Cuatro años después no superaba la barrera del 5% y este domingo solo llegó al 3,8%, un resultado que lo deja fuera del Parlamento del land y también del último gobierno que conformaban en Alemania. Un resultado que puede acelerar el estallido de el partido germano que más tiempo ha estado en el poder, al participar como socio menor de 17 de los 22 gobiernos de la historia de la República Federal.

miércoles, 11 de junio de 2014

Narendra Modi; Entre el nacionalismo hindú y el desarrollo económico, entre el miedo y la esperanza

El éxito electoral de Narendra Modi, al que 170 millones de votos le han otorgado una mayoría absoluta casi inédita en India, sitúa a la sexta economía del mundo ante el dilema de seguir siendo un país secular o transitar hacia el mítico Hindustán o tierra de los hindúes, en la que esa mayoría religiosa dominaría a las minorías.
El nuevo primer ministro, hijo de un vendedor de té que desde 2001 ha sido jefe de Gobierno del Estado de Gujarat, “cree en el nacionalismo hindú, en definir a India en base a su cultura y su religión” lo que no despeja la duda de si su partido ha abandonado cualquier pretensión de imponer una agenda hinduista basada en el credo, o proseguirá la tradición de no mezclar los asuntos de la fe con los de Estado.
El modelo secular – que en la India significa la igualdad de trato de todas las religiones por el Estado y a diferencia del concepto occidental de la laicidad que prevé una separación de la religión y el Estado presume la aceptación de las leyes religiosas como vinculantes para el Estado y la igualdad de participación del Estado en las diferentes religiones – fue establecido por Jawaharlal Nehru, padre de la nación, y lo ha mantenido su familia, la dinastía Nehru-Gandhi, que al frente Partido del Congreso ha gobernado la India durante 54 de sus 67 años de independencia.
Pero la debacle electoral de ese partido – muy lejos del centenar de diputados imprescindible, ni siquiera podrá constituirse oficialmente como el de la oposición – devuelve a la actualidad el concepto de Hindustán, cuya aplicación no tiene precedentes en la India moderna y que atribuye más derechos a la comunidad hindú, como originaria del país, que a la musulmana.
No es la primera vez que el hinduista Bharathiya Janata Party (BJP), el partido de Modi, alcanza el poder. En 1998, el partido nacionalista formó con otros partidos más pequeños la Alianza Democrática Nacional – una coalición de 24 partidos que incluía al Samata Party de George Fernandes y al AIADMK de Muthuvel Karunanidhi, principal representante del nacionalismo tamil, entre otros – la cual obtuvo la victoria y se convirtió en el primer gobierno no congresista que terminó un mandato completo de cinco años.
El moderado Atal Behari Vajpayee encabezo un gobierno en torno a un programa asimilable al centro-derecha, después de transformar en organización de masas a un partido visto hasta hace poco como una formación religiosa marginal y agresiva y los temores de que el BJP utilizase el poder en contra de las minorías, en particular la musulmana, la más numerosa, no se convirtieron en realidad.
La tolerancia de Vajpayee – primer jefe de gobierno que fue reelegido en casi tres décadas – hacia las minorías es el consuelo de algunos líderes musulmanes, que le comparan al actual presidente del BJP Rajnath Singh, pero que no esconden  su "temor" hacia Modi. La controvertida personalidad del nuevo primer ministro, junto a su formación ideológica y su polémico pasado, han resucitado viejos fantasmas.
El candidato del BJP basó la campaña en su buen desempeño como jefe de Gobierno del estado originario de Gandhi. En este estado costero al norte de Bombay, ha construido puertos y carreteras y lo ha industrializado. Ha triplicado el PIB, atraído inversiones extranjeras con impuestos bajos y logrado producir una cuarta parte de las exportaciones indias. Una gestión económica reconocida por sus propios adversarios, pero caracterizada por los métodos autoritarios  de Modi.
El nuevo hombre fuerte de la India – desde hace años el político más discutido del panorama político indio – pertenece desde su infancia al RashtriyaSwayamsevak Sangh (RSS), que quiere decir “Organización Nacional de Voluntarios” y que es una controvertida organización de derechas que promueve el nacionalismo, las tradiciones y religión hindú y que ha sido acusada de algunos atentados.
En Gujarat en 2002, al poco de que Modi se estrenarse al frente del Ejecutivo estatal, la quema de un tren con peregrinos hindúes en los que murieron 58, provocó una ola de violencia que terminó con 1.000 vidas, la mayoría musulmanes. Líderes de la minoría musulmana acusaron a las fuerzas de seguridad de no haberlos protegido y aunque el ahora primer ministro fue exculpado por el Tribunal Supremo por falta de pruebas, un amplio sector de la población piensa que no tomó las medidas adecuadas para detener la matanza. Rahul Gandhi, el heredero de la dinastía al frente del Partido del Congreso, gran perdedor de las elecciones (con 44 escaños frente a los 282 del BJP), incluso lo comparó con Hitler durante su campaña.
Los analistas políticos indios coinciden en que si Modi ha recibido un apoyo tan masivo en las urnas es porque la economía es el asunto más importante para los electores indios, pero también, en que el factor religioso fue decisivo y que las cosas podrían cambiar para las minorías, los no hinduistas. Tanto el partido de Modi – que durante la campaña ha intentado alejarse de los hinduistas más radicales y dar una imagen más secular – el BJP como la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), que fue decisiva para su victoria, creen que el Estado da un trato especial a los musulmanes y otras minorías y no están de acuerdo con ello.
El tiempo dirá, si como creen los que lo apoyan, Modi – el único que logró crear una percepción de ser un líder fuerte durante la campaña electoral – podrá cumplir sus promesas de desarrollo y Gobierno fuerte – satisfacer  el ansia de cambio de un país que ha incorporado 100 millones de nuevos votantes a estos comicios – y llevar rápidamente a su país a los primeros puestos de la liga de los poderes económicos o como sus detractores temen será un líder autoritario, que su Gobierno sólo beneficiara a algunos grupos (entre ellos los hinduistas y los empresarios) y sobre todo que se pondrá en riesgo el relativo equilibrio que existe entre hinduistas, musulmanes y otras religiones, lo que supondría un enorme cambio en la política de India, donde hasta ahora se cuidaba de las minorías que viven en desventaja